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DISCURSO DEL PRESIDENTE OLLANTA HUMALA – 28 DE JULIO 2011

Recibo  con humildad y profundo fervor patriótico el cargo de Presidente de
la República.

Declaro  ante el Congreso, ante los presidentes amigos aquí reunidos y ante
el  pueblo  peruano que, fiel al mandato de las urnas y en pleno respeto al
Estado  de  Derecho,  dedicaré  toda mi energía a sentar las bases para que
borremos  definitivamente  de  nuestra  historia  el lacerante rostro de la
exclusión  y la pobreza construyendo un Perú para todos, atento siempre, en
los  más  frágiles  de  nuestros hermanos. Exigiré el mismo compromiso y la
misma energía a todo el equipo que me acompaña en el Ejecutivo.

La  democracia  peruana  será  plena cuando la justicia y la paz social, la
soberanía  nacional  y  la  seguridad  de  nuestras familias constituyan el
zócalo  de  nuestra nación, cuando la igualdad sea patrimonio de todos y la
exclusión  social  desaparezca  aún  en  los  lugares más remotos del país.
Queremos que la expresión misma de “exclusión social” se borre para siempre
de  nuestro  lenguaje   y  de  nuestra  realidad.  Asumiré este reto con mi
palabra y con mi vida.

Hace  casi  un  siglo,  en 1914, Víctor Andrés Belaúnde, uno de los grandes
intelectuales  y  políticos  del  siglo  XX,  al terminar un discurso en la
Universidad  Nacional Mayor de San Marcos, lanzó a los jóvenes una proclama
que  era,  al  mismo  tiempo,  un grito de batalla y una demanda: ¡QUEREMOS
PATRIA!

Esta proclama años después fue recogida por José Carlos Mariátegui y Víctor
Raúl  Haya  de  la  Torre   para  convertirla  en pensamiento y acción. Esa
reivindicación  de  la patria y de la Nación  ha sido, como ahora, el sueño
encendido de generaciones y de pueblos.

Desde  la fundación de la República, la patria constituye una aspiración al
destino  común,  una  esperanza, una promesa inacabada por la que el pueblo
peruano  ha  estado  siempre dispuesto a entregar su vida en la paz y en la
guerra, para defenderla y para legarla a sus hijos con orgullo y con fe.

La patria es nuestra Historia común, es el espacio donde todos los peruanos
y  peruanas  queremos  vivir  en  paz  y  en democracia. Por ello todos nos
sentimos  orgullosos  de  nuestra  bandera, símbolo de nuestras luchas y de
nuestro amor a la paz.

Esta  aspiración   a  una  patria  inclusiva  es  la que abre el camino  al
progreso  social. Para hacerla posible nos presentamos ante el pueblo y por
eso  estamos  aquí.  Asumo este reto como un desafío y como una promesa que
expreso  hoy ante todos los peruanos, y especialmente ante mis hijos y ante
todos los niños y niñas de este país, los que serán el Perú de mañana. Este
es  nuestro  patrimonio  más  rico. Por ellos y para ellos voy a cumplir mi
promesa  de  hacer  de  este  país un lugar donde todos disfruten del mismo
derecho  a  la  plenitud  y  a la felicidad, a una vida digna y a una vejez
protegida.

Peruanas y peruanos:

El  cinco  de  junio  una  mayoría de ciudadanos expresó su deseo de que el
crecimiento económico y la inclusión social marchen juntos para transformar
nuestro país en una patria de oportunidades para todos.

El  incremento  desmedido  de  los conflictos, muchos de ellos absurdamente
violentos,   nos  demuestran,  día  a  día,  que  es  urgente  reparar  las
injusticias,  corregir  el  rumbo  y  restablecer  el  diálogo  en  nuestra
sociedad.

El  Perú  es  un país plurilingüe y multicultural. Esta múltiple diversidad
constituye  sin  duda  nuestra  mayor  riqueza.  Sin embargo, durante mucho
tiempo  ha existido un discurso y una práctica de la exclusión, del rechazo
a  la diferencia, un “tú no eres igual que yo” que cobijó la discriminación
y   la   intolerancia.   Esto  resulta  cuando  menos  extraño  porque  los
comportamientos  excluyentes  provienen  muchas  veces  de  quienes elogian
nuestra diversidad cultural.

Pero,  precisamente  esa  diversidad  cultural  proviene  de entender,  que
nuestra  nación  es  un  crisol  de  razas y tradiciones. Son ellas las que
sustentan,  por ejemplo, nuestra extraordinaria gastronomía, hoy admirada y
reconocida  en el mundo. Porque somos diferentes, pero iguales en el fondo,
labramos nuestra existencia en el trabajo y en el esfuerzo cotidiano. Somos
mezcla  y  creatividad. Somos imaginación y trabajo. Y esta diversidad, que
queremos  integradora y no marginadora, constituye el fundamento de nuestra
riqueza.

Nuestro  país  trabajador,  honrado  y  diverso,  se encuentra fracturado y
herido.  Sufre  el  abandono  de  los  políticos y de un Estado insensible,
burocrático  y centralista. Un Estado que le ha dado la espalda al interior
del país, un Estado que sufre de “mal de altura o soroche” y que se niega a
subir los andes y extenderse en nuestra amazonía. Un Estado acechado por la
corrupción  y  el  despilfarro,  alejado  de  sus  ciudadanos,  incapaz  de
protegerlos de la violencia y la criminalidad.
Sueño  con  un Perú donde la vida no sea un riesgo, donde las ciudades sean
espacios  seguros  donde  el  ciudadano  se  encuentre protegido. Para esto
necesitamos más estado, más patria y que la corrupción sea sancionada.

La  democracia  expresó  en  las  urnas  un  mandato y ese mandato debe ser
honrado.  Restablecer  el  valor  de  la  palabra  empeñada  ante el pueblo
constituye  el  eje  de  la  recuperación  de  un sistema de valores éticos
inherentes a la República.

Sin  embargo,  transformar  el  país  no  es tarea fácil. No solo porque el
cambio  es  siempre  una  tarea  de multitudes, sino porque también implica
enfrentar  y  superar  nuestros  problemas,  proponer  una  nueva manera de
convivir.  La  realidad  exige  transformaciones  para  que la igualdad, la
tolerancia,  el  reconocimiento  de nuestra diversidad  y un desarrollo que
nos  incluya  a  todos  sea,  al  mismo tiempo,  un acto civilizatorio y un
compromiso  colectivo. La realidad nos interpela diariamente y nos exige un
nuevo  contrato  social  que haga posible la convivencia armoniosa de todos
los peruanos.

Evoco  aquí  nuevamente la figura de Haya de la Torre y su legado, plasmado
singularmente  en la Constitución de 1979, la ultima constitución de origen
democrático,  a la que muchos no la han respetado y por eso la olvidan, que
constituye  para  mí  una  verdadera inspiración por su contenido nacional,
democrático y de libertad.

El  gran  Nelson Mandela, en un célebre discurso pronunciado en el marco de
la UNESCO, afirmó, con la convicción que lo caracterizaba, que la igualdad,
la  equidad económica y la justicia social eran la base de toda democracia.
El  dijo:  “No hay democracia con miseria, no hay democracia con asimetrías
sociales”.  Y  porque  creo  en  la  justicia  de  esta frase, yo he jurado
respetar y defender la democracia. Fortalecerla en sus valores igualitarios
para hacerla legítima ante el pueblo y así será.

Hoy  ante  ustedes  ratifico  este  juramento.  Quiero  que vean en mí a un
verdadero  soldado  de  la  República,  a  un celoso guardián del Estado de
Derecho  y a un defensor de los derechos humanos y de la libertad de prensa
y de expresión.

El  historiador  Jorge  Basadre  afirmaba  ya  en  1931  que “el Perú debía
terminar su proceso de formación histórica. Dentro de él, vinculado más que
nunca  al continente y a la humanidad, el país debe encontrar su realidad y
su solución” Por eso, para buscar y encontrar una solución integradora para
ese  Perú,  para  nuestro   Perú  “de compartimentos estancos” que describe
Basadre,  proponemos una Gran Transformación, el inicio de una nueva época,
que no es otra cosa que una nueva convivencia entre todos los peruanos.

Nuestra administración será un gobierno para todos.

Las  características  de  este  gobierno pueden resumirse en los siguientes
términos:   reforma,  democracia,  libertades,  inclusión,  redistribución,
crecimiento, paz con justicia, seguridad, descentralización, transparencia,
soberanía y concertación.

Nuestra  voluntad no es la de copiar modelos, queremos, como Basadre que el
Perú  deje  de ser el espacio problemático que era y sigue siendo, queremos
para  ello construir un camino propio, un modelo peruano de crecimiento con
estabilidad, democracia e inclusión social. Tomaremos como ejemplo lo bueno
de otras experiencias, pero como decía el amauta José Carlos Mariátegui, no
habrá calco ni copia sino creación heroica.

El   mandato   al  que  hicimos  referencia  exige  responsabilidad  en  la
conservación  de  los  valores  sociales,  económicos  y  culturales  de lo
realizado hasta ahora y que son un patrimonio de todos.

Por  esa  razón,  mantendremos  y  consolidaremos un crecimiento sano de la
economía y sus estándares macroeconómicos; respetaremos las reglas fiscales
para   afrontar  eventuales  crisis  externas  o  desastres  naturales;  la
construcción  de  las  obras  de  infraestructura,  grandes y pequeñas; los
programas  sociales;  la  promoción  del  turismo y de la cultura peruana y
honraremos los acuerdos comerciales con países y bloques amigos.

Fomentaremos  una  economía  nacional  de mercado abierta al mundo que haga
realidad   nuestro   compromiso  de  crecimiento  con  inclusión  social  y
democracia.

Esto  implica  que  el  Estado sirva como promotor no solo del crecimiento,
sino  también del progreso social. Priorizando educación, salud y nutrición
infantil,  mejorando  las condiciones de trabajo, particularmente los CAS y
Servicios  No  Personales.  Invirtiendo en infraestructura, en escuelas, en
postas médicas, en Cunas y mejorando el salario básico.

Un   Estado   que  utilice  sus  recursos  para  ayudar  a  regularizar  la
informalidad,  que  ofrezca  crédito ventajoso para los pequeños y medianos
empresarios  y  que  facilite  el  espíritu emprendedor de los peruanos que
desea abrir su negocio y prosperar.

Quiero  aprovechar  aquí  para transmitirles que el Salario Mínimo Vital de
los  trabajadores sujetos al régimen laboral de la actividad privada tendrá
un  aumento  inmediato  de 75 soles a partir de agosto y de 75 soles más en
2012,  para alcanzar así los 750 soles. Pero estos aumentos deben propiciar
un  proceso  continuo  de  revalorización  del  salario  básico ligado a la
productividad  y  al  crecimiento  económico,  relacionado con una política
global  de reducción de la informalidad y de preservación y fortalecimiento
de las pequeñas y medianas empresas.

Nuestro  desafío  es  realizar esta gran transformación de manera gradual y
persistente  para  que  no  se  acompañe de presiones desestabilizadoras de
nuestros equilibrios presupuestarios y macroeconómicos.

Nuestro  ideal  de  cambio  no  se  concibe  sin  concertación, sin diálogo
político y sin el protagonismo de la gente. Con ese propósito, instalaremos
un  Consejo  Económico  y  Social, en base al actual Acuerdo Nacional cuyas
políticas  hemos  suscrito. Este Consejo será dirigido desde la Presidencia
de  la  República  con  el  acompañamiento  del  Presidente  del Consejo de
Ministros,   y   estará   integrado   por   empresarios,   trabajadores   y
representantes de la sociedad civil. Se abocará a elaborar estudios para la
implementación  de  políticas  públicas  del  gobierno y tendrá un carácter
consultivo.

Hacer  de  la  inclusión  social una prioridad exige que el conjunto de los
programas  sociales  sean  agrupados  y  articulados  en  un  Ministerio de
Desarrollo  y  de  Inclusión  Social,  para  que el desarrollo pueda llegar
efectivamente  a los que más lo necesitan.

El  programa  JUNTOS  será extendido progresivamente hasta alcanzar los 800
distritos más pobres del país.

Los  adultos  mayores  en  situación  de  pobreza  y  que no reciben ningún
beneficio  del  Estado  deben  recibir la solidaridad de la nación. Hogares
donde  a  la  edad avanzada se conjuga el sufrimiento de la pobreza, exigen
una  acción  social  impostergable.  A  esos hogares haremos llegar los 250
soles   del  programa  PENSIÓN  65.  Su  implementación  será  inmediata  y
alcanzaremos los 800 distritos más pobres del país progresivamente.

El  programa  Cuna  Más  para  los  niños de 0 a 3 años también se aplicará
gradualmente  y en los 800 distritos de pobreza extrema del Perú, hoy en la
base  del  programa  Juntos. El combate a la desnutrición infantil será una
prioridad,  apoyado  en  la  implementación  de  un  programa  de nutrición
infantil que comprenderá desayunos y almuerzos en las escuelas.

Haremos  los  esfuerzos  que sean necesarios para que se alcance en todo el
sistema  educativo la jornada de 8 horas de estudio e incentivar la cultura
del deporte y la recreación, potenciando las competencias interescolares en
el  campo  de  la  cultura  y las disciplinas deportivas, como respuesta al
alarmante  dato que más de un tercio de alumnos en las grandes ciudades del
Perú corren riesgo de obesidad.

Iniciaremos el programa ‘Beca 18’, que integrará los programas existentes y
que  permitirá  que  los  jóvenes  de  bajos recursos económicos y con alto
rendimiento  escolar  puedan  continuar  sus  estudios de nivel superior en
instituciones  públicas  y/o  privadas,  en  programas  universitarios o de
técnicos superiores.

Reforzaremos el sistema de acreditación universitaria. Los títulos a nombre
de  la  nación  que  en  algunos casos prácticamente se regalan, tendrán un
riguroso procedimiento nacional en salvaguarda de la calidad educativa.


En el ámbito de Salud, fortaleceremos el sistema de salud e instalaremos el
Sistema  de Atención Móvil de Urgencia (SAMU) con una experiencia piloto en
Lima  y  tres  capitales  de  departamento  y la creación de un Programa de
Facilitación de Acceso a Genéricos de Calidad.

Reforzaremos  la atención primaria en salud en los distritos más pobres del
Perú.

En  los  próximos  5  años  construiremos  hospitales en cada una de las 50
capitales  de  provincia  donde  aún  faltan.  Haremos así realidad nuestro
compromiso de tener por lo menos un hospital en cada provincia del Perú.

Los campesinos del Perú y, en general los pobres del campo, serán objeto de
prioridad. AGROBANCO captará recursos para el otorgamiento de créditos a la
agricultura  familiar,  y  estableceremos  módulos  de  desarrollo  agrario
accesibles   a   las   distintas  formas  de  asociaciones  agrarias  y  de
productores.

El  Perú  establecerá  una  nueva  relación  entre  el Estado y el mercado,
distinta  de  las fracasadas recetas extremas del Estado intervencionista o
del  Estado  mínimo  y excluyente. En esa nueva relación, el Estado será un
promotor  de  la  inversión  y del desarrollo, garante del ejercicio de los
derechos y libertades, impulsor de las oportunidades para todos.

Buena  parte  de los conflictos del planeta se deben a la carencia de agua.
No es posible que el Perú que queremos construir no desarrolle una política
de  aprovechamiento  soberano  de  los recursos naturales, una política que
garantice  la  explotación  racional y equilibrada del agua, la tierra, los
bosques,  la  biodiversidad, el gas y los minerales. Esos recursos de todos
los  peruanos contribuirán a la eliminación de la pobreza y la desigualdad.
Se  alentará  la actividad privada sobre los recursos naturales, pero estos
serán  explotados  en  condiciones  de  respeto  a  las  poblaciones, a los
trabajadores y al medio ambiente.

Asimismo,   avanzaremos   profundamente  en  la  política  de  ordenamiento
territorial  que  nos  permita  establecer  de  manera participativa el uso
racional de nuestro territorio.

Las  ganancias  extraordinarias de las empresas mineras deben contribuir al
esfuerzo nacional en pro del combate contra la pobreza. Los contratos serán
respetados  y  la  negociación  permitirá, no lo dudo, y repito no lo dudo,
que   esta   significativa  contribución  beneficie  a  todo  el  país.  Mi
determinación es muy clara, tengo la voluntad y la convicción para alcanzar
este objetivo. En ello va mi palabra y mi compromiso con el pueblo peruano.

El  gas  del  Lote  88 de Camisea, será orientado prioritariamente hacia el
consumo interno.

Ejecutaremos  una política de masificación del consumo del gas natural para
llevarlo  a  los  hogares.  En  5  años la ciudad de Lima podría contar con
aproximadamente 400.000 conexiones.

Con  la  garantía  de  cumplir  con la legislación vigente que establece la
obligatoriedad  del  abastecimiento  del  mercado  interno, implementaremos
acciones para que se reduzca significativamente el precio del balón de GLP,
lo  que  repercutirá  favorablemente  en  la  economía  de la mayoría de la
población  peruana,  sin introducir distorsiones en el mercado, ni fomentar
el  contrabando.  Asimismo,  masificaremos  el uso del GNV como combustible
barato y accesible a todos.

Insistiremos  en la diversificación de la matriz energética a favor del gas
y  las  energías  renovables  e  impulsaremos el desarrollo de la industria
petroquímica.  En  esa  medida  fortaleceremos  la  regulación  y el acceso
competitivo  a  las  fuentes  de  energía  para el transporte, evitando los
sobreprecios.

Promoveremos  la construcción de hidroeléctricas, fortaleciendo Electroperú
y  a  las  empresas  eléctricas  estatales  regionales,  y  promoviendo las
privadas,  en  un  adecuado  balance  que  otorgue  prioridad  a la demanda
nacional.  El Estado evaluará la participación de Electroperú en los nuevos
acuerdos de inversión.

Reconstruiremos una verdadera Marina Mercante del Perú para ejecutar lo que
dispone  la Ley de Reactivación y Promoción de la Marina Mercante Nacional.
Fortaleceremos el SIMA y ENAPU como empresas eficientes y buscaremos que la
construcción  de  más  aeropuertos  se  oriente también hacia el fomento el
turismo.

Tomaremos  las  medidas necesarias para que el Perú tenga su línea aérea de
bandera  y  que  el  mercado  aéreo  comercial  sea  más abierto y de mayor
competencia, sobre todo para abaratar y ampliar la comunicación al interior
del país.

En  el campo de la infraestructura, se proseguirá con la ejecución de obras
viales  como  los  proyectos IIRSA Interoceánica del Sur, Interoceánica del
Norte,   los   programas   Costa-Sierra   y  apoyaremos  la  elaboración  y
construcción de proyectos ferroviarios.

El gobierno nacional será el principal aliado de los gobiernos regionales y
locales.  Una  de  nuestras  primeras  medidas  será  la  instalación de un
mecanismo  de  relación fluida del gobierno con los presidentes regionales,
incluyendo el reconocimiento de la Asamblea de Gobiernos Regionales.

Para  la  ejecución  de  las  políticas  públicas  nacionales,  el gobierno
realizará   reuniones   descentralizadas   buscando   el  diálogo  con  las
autoridades  regionales,  alcaldes  y  representantes  de  la sociedad. Los
compromisos  de  mutua  obligación  serán  objeto  de  seguimiento desde el
gobierno.

Consolidaremos  el  proceso  del presupuesto participativo. Fomentaremos la
vigencia de los Consejos de Concertación Local y Regional ahora debilitados
y  en  algunos  casos  hostigados,  como expresión de un enfoque de gestión
compartida.

En el caso concreto de Lima, que ha crecido de forma desordenada y caótica,
daremos continuidad a la inversión en transporte público en la ciudad.

Anuncio  que,  en  el plazo de dos meses, se iniciará una nueva etapa en la
reconstrucción  de  los  pueblos del sur afectados por el terremoto del año
2007,  lo  que se realizará con el concurso de los batallones de ingeniería
de las FFAA.

El  gobierno  hace  eco  de  la  alerta mundial sobre cambio climático y se
compromete  a  fortalecer  la  regulación  y  dedicarse  con seriedad a las
labores  de preservación de nuestra biodiversidad, del recurso hídrico y de
los glaciares. Será una prioridad para nosotros la prevención de desastres.

El  gobierno  siente  que  uno  de los graves problemas que provoca temor y
frustración  en  las personas es el de la inseguridad. Se arrastran en ello
30  años  de fracasos y muy pocos éxitos y los que sufren las consecuencias
de  la violencia del crimen organizado, el narcotráfico y el pandillaje son
los  más  pobres.  Queremos  cambiar  esa historia de ausencia de liderazgo
político y la carencia de una política de estado eficaz en esta materia.

Es  necesario  desterrar  la  idea  de  que  la  inseguridad es un problema
exclusivo  de  la policía. Por eso anuncio que así como el Presidente de la
República  preside  el  Consejo  de  Defensa Nacional, presidiré también un
Consejo  Nacional  de  Seguridad  Ciudadana  y  Política de lucha contra la
Criminalidad para darle un carácter multisectorial.

Realizando  un  esfuerzo  financiero  del  Estado,  iniciaremos  un proceso
gradual  de  eliminación  del  sistema  1  x  1  en  el  servicio policial.
Incrementaremos  los  salarios  de la policía en el marco de un sistema más
amplio  que  incluya la reforma de remuneraciones de la PNP. Activaremos un
Servicio Policial Voluntario, equiparemos y conectaremos a las comisarías a
la  red  digital, estableceremos penales fuera de Lima y de las principales
zonas  urbanas  del  país implementaremos el trabajo físico para condenados
por  graves  delitos.  Disuadiremos  con penas más altas el uso de armas de
fuego  en  la  comisión  de  delitos de cualquier índole. En mi gobierno no
habrá perdón para violadores, ni para ningún delito cometido contra un niño
o  una  niña. Combatiremos el feminicidio y propondremos una revisión de la
legislación vigente.

Ejecutaremos una política contra las drogas que consolide el modelo peruano
de  desarrollo  alternativo  integral  y  sostenible  para  convertir a los
productores,  hoy  ilegales,  en  agentes de una economía legal. No seremos
indiferentes   frente   al   incremento   alarmante  de  drogas  entre  los
adolescentes  y jóvenes. Respetaremos el debate que en torno a este tema se
ha  abierto  en  estos  años,  dentro  y  fuera  del país, pero nosotros no
legalizaremos  ninguna  droga  ni  tampoco  los  cultivos ilícitos y por el
contrario los vamos a combatir.

Nuestra  política  antidroga será soberana y reclamará que se haga realidad
la   responsabilidad   compartida  con  los  países  consumidores.  Seremos
inflexibles en el control de los insumos químicos y el combate a las bandas
de narcotraficantes.

Reduciremos  la  superficie  ilegal de sembríos de coca, no permitiremos la
extensión  de  cultivos  ilegales,  menos aún en parques nacionales y zonas
ecológicas.  Al  mismo  tiempo,  el  Perú  podrá tomar la iniciativa de una
Cumbre  Presidencial Regional Antidrogas con la participación de los países
productores   y   consumidores,   a  cuyos  presidentes  he  percibido  muy
preocupados con este tema.

La  corrupción es para nosotros un elemento que debilita al Estado y afecta
su  desarrollo. Es, por lo tanto, un problema de seguridad. En tal sentido,
defiendo la imprescriptibilidad de los delitos de corrupción en agravio del
Estado  y  la   inhabilitación a perpetuidad contra sus autores o cómplices
para  el  ejercicio  futuro  de  cualquier  función  pública;  propongo  la
supresión  de  las  penas condicionales en las condenas por corrupción para
que  la prisión se cumpla de manera efectiva; y  defiendo la eliminación de
los beneficios penitenciarios en los casos de corrupción.

Debemos  poner  fin a las secuelas de la violencia terrorista que vivimos y
cumplir  con  las  reparaciones individuales y colectivas. Es necesario que
las  víctimas y deudos rehagan sus vidas personales y familiares, que miren
con  otros  ojos su futuro porque viven en una patria que los incluye y que
los reconoce como peruanos.

En  cuanto  a  la  Defensa nacional, en primer lugar  queremos recuperar la
moral  de  nuestras  Fuerzas  Armadas  y  equiparlas  de forma adecuada. Se
reformará  el  sistema  remunerativo  de las FFAA buscando cerrar la brecha
salarial que existe entre los distintos grados. Esto se hará salvaguardando
la obligación que tiene el Estado de honrar el pago de pensiones, que es un
derecho fundamental consagrado.

Mantendremos   la  pensión  renovable  y  realizaremos  ajustes  salariales
graduales.   Nuestra   primera   inversión  militar  será  en  el  soldado.
Fortaleceremos  el Servicio Militar con incentivos, mejorando el pago a los
conscriptos  e  instalando  un  Instituto  Tecnológico  de las FFAA para la
enseñanza de especialidades a quienes egresan del Servicio Militar.

Ratifico mi compromiso de desarrollar una política exterior multilateral de
cara  a  nuestra  región  que  tanto  ha  cambiado  en la última década. La
integración en el marco de UNASUR y la Comunidad Andina de Naciones será la
línea principal de acción.

La solución pacífica de los litigios internacionales es la filosofía que me
inspira  y  particularmente  en  relación  a nuestros diferendos con Chile.
Seguros  de  los  fundamentos  de nuestra causa que defiendo ardientemente,
afirmo  que  acataremos el fallo del tribunal de La Haya en nuestro reclamo
sobre la frontera marítima y estoy convencido que Chile hará lo mismo.

Vivimos  en  un  mundo  que cambia día a día y donde emergen nuevos poderes
regionales. Las condiciones están dadas para llevar adelante una fructífera
integración  en la región. No deseamos una economía autárquica, que se mire
a  sí  misma, aislada del proceso de globalización. Queremos, más bien, una
economía  integrada.  Integrada,  en  primer  lugar,  con  la  región y, en
especial, con nuestros vecinos andinos y sudamericanos.

Nuestra  región es inmensa y rica en recursos pero también en historia y en
culturas  comunes.  Yo les quiero recordar que nuestra independencia fue un
proceso regional, donde todos nos hermanamos para lograr nuestra libertad y
soberanía.  La  heroica gesta de nuestros próceres como el general don José
de  San  Martín  y  el  libertador Simón Bolívar, siempre conscientes de la
urgencia  de la unión de los pueblos de América, fueron los precursores del
impulso integrador del presente.”Seguramente, escribía Bolívar, la unión es
la  que  nos falta para completar la obra de nuestra regeneración”. Este es
aún objetivo pendiente para todos los pueblos de América.

El gobierno se propone reconocer y reivindicar a los 3 millones de peruanos
migrantes. Para empezar, mejoraremos la defensa consular de los peruanos en
el  exterior  y  rebajaremos el costo de las remesas mediante convenios que
realizará  el Banco de la Nación. Deseamos que quien desea regresar lo haga
y para ello fomentaremos que sea sujeto de crédito.

Los  detalles  de  estas políticas aquí señaladas serán presentadas  por la
presidencia de Consejo de Ministros, como corresponde, ante el parlamento.

De  la  tradición  militar  que  no olvido y llevaré en el corazón hasta la
muerte conservo orgulloso la tenacidad, la austeridad y el amor por el Perú
y  sus intereses. En esa tradición, a diferencia de lo que piensan algunos,
se   sabe   mandar  pero  también  obedecer,  hay  jerarquía  pero  también
fraternidad, hay disciplina pero también intercambio de opiniones.

Esa  tradición  se funde con el espíritu generoso del Perú, lejano al odio.
No  vengo  en  son de guerra sino en son de paz, sin venganza y sin rencor.
Yo,  que  he sido acusado casi de todo, he aprendido a perdonar hace muchos
años, antes incluso de hacer política.

Por  eso,  a  los  que  aún  persisten  en el encono les pido que bajen sus
espadas y sus lanzas.

A  los  que demandan salarios y derechos les digo que no bajen sus banderas
pero  que  sepan  que  todo cambio, para ser sostenible, debe ser gradual y
racional.

A  mis partidarios les pido consecuencia, lealtad, sacrificio, inteligencia
y honradez.

A  la  oposición  la  llamo a la responsabilidad. Le pido vigilancia y que,
desde su posición, respete también el mandato de las urnas, su mandato y el
nuestro.

Al terminar reitero que solo soy un soldado de la democracia.

Hay patria para todos
Viva el Perú!